ESTABLECIMIENTO DE LÍMITES ADECUADOS EN LOS MENORES

Evaluación psicológica

Alrededor de los 3-4 años de vida se produce una etapa habitual de rabietas. En algunos casos se produce antes, en otros casos ocurre mas tarde. Pero es importante identificarla para poder actuar a tiempo.

Esta etapa surge de la necesidad de identificación del “yo” de forma separada del adulto. Surge un desafío normal a las nomas establecidas por nuestras figuras de apego. El objetivo no es otro que reconocerse de manera independiente de las figuras adultas. Algo así como “Aquí estoy yo”.

Es cierto que al principio suele hacer gracia, incluso hay gente que lo identifica como la primera adolescencia. La seguridad con la que hablan, lo claro que parece que tienen las cosas. Sin embargo, confundir esa falsa seguridad nos puede llevar a dejar de establecer los limites necesarios.

¿Y porque son necesarios los límites?

En primer lugar, los solemos ofrecer como medida de seguridad y protección cuando son más pequeños. Pero en realidad los límites establecidos de manera clara y consistente hacen que los niñ@s pueda prever a corto plazo lo que va a ocurrir. La capacidad para poder predecir en realidad es algo que nos gusta a todos, adultos y menores.

Esto es lo que precisamente les da una verdadera sensación de seguridad. Saber que ocurre si hacen una cosa u otra y poder predecir, les ofrece seguridad y tranquilidad.

Las clave para un buen aprendizaje de estos límites es la consistencia. Es decir, primero hay que decidir qué limites queremos marcar (cada uno debe decidir cuáles) y después marcarlo siempre a ser posible de manera sencilla, sin dar demasiadas explicaciones, no es necesario a esta edad. La norma clara y concisa y siempre igual.

Puede haber excepciones, por su puesto, pero deber ser eso, excepciones. De manera que la norma quede bien integrada. Si cedemos a menudo por el motivo que sea, la norma no quedará bien establecida y el mejor peleará por conseguir su objetivo en ese momento.

En ocasiones como cuando nace un hermanito y hay sentimientos de celos, o cuando nos mudamos, se hace evidente un malestar del menor. Si en estas circunstancias, nos saltamos las normas por pena o si de alguna manera intentamos compensar ese malestar, probablemente ninguna decisión que tome le va a calmar y va a marear con quiero esto o lo otro. A pesar del malestar, el adulto debe coger las riendas y poner los límites que considere adecuados. Siempre con una forma y todo adecuado, validando y haciéndose cargo de esos sentimientos, eso no debe afectar a las normas.

Lo contrario, se traduce en menores enfadados, que marean al adulto y que acaban sintiéndose mal porque en realidad tomar decisiones no les hace felices a esa edad, ni les satisface que el adulto viva a su merced. Necesitan seguridad y eso tiene que ver con el vínculo que el adulto establece con el menor.

Si tienes problemas para establecer esos límites o no sabes cómo hacerlo, te animo a que busques ayuda para establecer dinámicas familiares más apropiadas, donde sientas seguridad estableciendo límites y donde l@s menores sean felices y estén tranquilos

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